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Tradicionalmente, la implementación de la tecnología RFID en España se ha visto frenada por diversos escollos, los cuales en realidad no son tales, como se verá a continuación:
El precio del tag como coste directo que debe soportar el producto ha sido tradicionalmente uno de los argumentos de freno a la aplicación de la tecnología. Esta supuesta barrera se ha visto reducida significativamente ya que el precio de los tags ha descendido de la banda de los 0,50€/u a los 0,20€/u con nuevas rebajas anunciadas. Aún quedan productos donde el análisis de costes da un balance negativo, pero cada vez más productos son susceptibles de ser etiquetados mediante RFID. La clave está en el análisis del beneficio aportado y no en el coste añadido. Habría que cambiar la perspectiva de aproximación a la tecnología RFID. No podemos ver RFID como un mecanismo para reducir costes sino una herramienta para mejorar los procesos y visibilidad del sistema que nos permita generar nuevos beneficios. Es una estrategia equivocada plantear un proyecto RFID como una mejora meramente puntual circunscrita a un departamento concreto (logística, gestión de almacenes o cualquier otro).
La inexistencia de un estándar en frecuencias que asegure la interoperabilidad entre países ha sido otro de los razonamientos por el que los usuarios potenciales descartaban la puesta en marcha de la tecnología. En esta línea, el pasado mes de mayo finalmente la DGT anunciaba que la banda UHF 865-868Mhz quedará definitivamente disponible para la utilización RFID a partir del 01/01/07.
Por último, la falta de un estándar tecnológico que asegurara la interoperabilidad entre empresas y la disminución del riesgo de invertir en tecnologías que pudieran quedar desplazadas por otro posible estándar futuro, también suponía una tradicional barrera de aplicación de la RFID. EPC ya ha definido el estándar Gen2 para las capas inferiores e ISO ha adoptado la parte del nivel físico de Gen2 en su estándar ISO 18000-6C. Aunque quedan por definir los estándares de gestión e intercambio de datos, esta barrera se ha visto considerablemente mermada.
Al margen de estas barreras más tradicionales, encontramos otros discutibles “frenos” específicos de sectores concretos.
Sectores verticales
Si analizamos toda la cadena de suministro y los beneficios que RFID aporta, veremos que los beneficios aumentan cuando nos acercamos al punto de venta mientras que los costes directos (no inversiones) se concentran en origen. Este hecho se acentúa si analizamos el escenario del etiquetado unitario de productos. En sectores verticales como el retail textil, ya se han presenciado estos beneficios obtenidos de la visibilidad de la totalidad de la cadena de suministro y la mejora en la reposición de producto en punto de venta. Este hecho ha despertado enormes expectativas que se han materializado en proyectos y pilotos debido a la mayor facilidad de implantación por el control de toda la cadena de suministro por parte de un único actor.
Por lo tanto podríamos concluir que un mandato no afectaría a este sector.
Sectores horizontales
En sectores como la gran distribución donde interviene el modelo fabricante-operador logístico- distribuidor tenemos dos dificultades que vencer:
• El hecho que la distribución de costes y beneficios no estén uniformemente repartidos a lo largo de la cadena de suministro, hace que algunos fabricantes vean con recelo la introducción de RFID puesto que no siempre identifican los beneficios directos de la tecnología y por otra parte no ven la posibilidad de repercutir los costes asociados.
• Para obtener los beneficios reales de la RFID no es suficiente con etiquetar los productos con tags y colocar lectores en puntos estratégicos. Es necesario crear una estructura de información compartida a lo largo de todos los eslabones de la cadena de suministro. Esta necesidad de información compartida entre los diferentes actores precisa de un trabajo de coordinación entre todos ellos.
En este sector, la presencia de un agente que propone un mandato, permite concentrar en un actor el liderazgo de la implantación de la tecnología que debe arbitrar los intereses de los diferentes actores. El objetivo es conseguir romper las barreras que dificultan el desarrollo natural y espontáneo de ésta.
Llegados a este punto, podríamos afirmar entonces que el motivo por el que no podemos hablar de niveles más elevados de implementación de la tecnología en el sector retail (como en otros países anteriormente mencionados) es sencillamente porque no se ha producido un mandato que haga necesario el dejar los temores a un lado y empezar a favorecerse de los beneficios de la tecnología.
Según datos de diversos estudios, como por ejemplo el 3rd Annual “How far, How Fast RFID” de Retail Systems Alert Group, el principal motivo de los esfuerzos de los diferentes usuarios o potenciales para implementar la tecnología son consecuencia de un mandato. Este hecho refleja el motor que puede ejercer un mandato para la definitiva adopción de la tecnología.
También es interesante observar que la decisiva definición del estándar Gen2 no se produjo hasta que en 2005, Wal-Mart se encontró con la necesidad de un estándar. Así pues, un mandato también puede actuar como agilizador de la definición de un estándar tecnológico.
De todas formas el líder que impone el mandato debe saber jugar su papel:
• No exigiendo esfuerzos excesivos de los proveedores.
• Compartiendo los beneficios con los fabricantes en forma de tratos preferenciales o descuentos por los ahorros obtenidos en la gestión.
• Ofreciendo facilidades adicionales a los proveedores, obtenidas de la mayor información disponible. Un ejemplo sería la información ágil del comportamiento de un determinado producto en el punto de venta durante promociones, etc.
• Escuchando las realidades de los fabricantes y operadores logísticos para buscar soluciones conjuntamente.
Resumiendo, me gustaría concluir afirmando que sin la figura del Mandato como catalizador de la implantación tecnológica de la RFID, el desarrollo de ésta va a ser mucho más lento y va a estar limitada a aquellas situaciones donde el ratio coste/beneficio sea más positivo y el control, sobre todo el flujo de información de la cadena de suministro, esté concentrado en un solo actor.
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JORDI BAETA GALCERÁN DIRECTOR DE DIVISIÓN RFID E IDENTIFICACIÓN AUTOMÁTICA
La trayectoria profesional de Baeta contempla más de 15 años de experiencia en el sector del etiquetado e identificación automática desde la introducción del código de barras. Antes de unirse a Paxar Iberia, ha desempeñado varias funciones tanto en su vertiente técnica como comercial.
Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universitat Politècnica de Catalunya, Baeta es titular de un Master en Networks, Services and Advanced Difusión Systems y de un PhD Program en Sistemas de navegación GPS por la Fundación UPC. Además posee un Postgrado en Marketing Internacional por la COPCA.
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